
MALTRATO INSTITUCIONAL
Qué malos son los foguerers… uffff… es que los foguerers cortan todo… por su culpa se desvían los autobuses y el tráfico… hay que ver qué sucio dejan todo… madre mía el ruido que hacen los foguerers… ¿a que hemos oído estos comentarios (o de este tipo) más de una vez?
También he oído decir que somos unos egoístas y que, cuando ya tenemos solucionados nuestros problemas, nos olvidamos de los problemas de los demás. Una cosa que sé que no es cierta, porque como festeros, y también habitantes de esta ciudad que cuidamos y en la que pagamos nuestros impuestos (por lo tanto, ciudadanos de pleno derecho), además de que nosotros cumplimos con las exigencias (técnicas y jurídicas) de bomberos, de seguridad, de limpieza, de zonas verdes, de tráfico, de ocupación de vía pública, de sanidad, de participación ciudadana, de hacienda, de cultura… además de todo eso, somos solidarios, sostenibles, amigables, educados, buenos anfitriones, respetuosos, divertidos, inclusivos, cívicos, empáticos… Pero, no puedo evitar pensarlo, ¿y qué si de verdad fuéramos egoístas para solucionar nuestros problemas? Cada vez tenemos menos apoyo y ayuda, cada vez tenemos más palos en las ruedas. ¿Y qué si solo nos ayudamos nosotros a nosotros mismos? Si, total, no nos ayuda nadie.
Sin embargo, nuestro argumento es el de defender la cultura, el folclore y la identidad social de una ciudad como Alicante, preocupados, en más de una ocasión, en hacer las cosas por su bien, por dotarla de actividad, de contenido cultural y festero, por abrirnos a nuestros vecinos y conciudadanos, por hacerla atractiva a turistas y visitantes, por dar a conocer nuestra tradición. Y esto recae sobre la espalda de socios, comisionados, foguerers y barraquers de todas las edades.
Porque lo que se gana durante les Fogueres (lo que ganan las entidades privadas y públicas), porque lo que se llena la ciudad durante les Fogueres, porque lo que se oye el nombre de Alicante durante les Fogueres… es porque hay una panda de locos altruistas que desinteresadamente organizan la Fiesta Oficial de la ciudad.
Sí, que nadie te engañe, que quien la organiza somos nosotros, sobre nosotros cae todo ese peso. Gente que se desvive de manera desinteresada porque esto salga adelante (tanto los de a pie, como los integrantes de la Federació, que también son festeros de a pie), gente que no se dedica a esto profesionalmente, pero que hemos desarrollado tal profesionalización (obligados), que no nos podemos ni creer todo lo que hemos tenido que aprender.
Porque somos asociaciones festeras y culturales SIN ÁNIMO DE LUCRO, pero nos han convencido desde la administración pública de lo contrario. Nos tratan como empresas que perseguimos enriquecernos, ya sea con los patrocinadores (los miles que nos están llamando a las puertas), con las colaboraciones de vecinos (esos que “se van de Alicante durante las hogueras”), con losnegocios de nuestros barrios (bares y restaurantes, por ejemplo, que nos dicen directamente que colaboren o no, van a tener un lleno gracias a que plantamos al lado de ellos), con las cuotas de socios (que según se nos dijo, somos solo 10.000 en una ciudad con una población de más de 350.000 habitantes) e, incluso, con el dinero público (se subvenciona entre el 20 y 40 por ciento, según casos, del elemento central, el arte efímero, sin tener en cuenta el dinero que desembolsamos en bandas, proveedores, luces, pirotécnica, seguridad, limpieza, indumentaria, comercio local… por lo que, en realidad a la fiesta se le dedica un porcentaje muchísimo menor).
Pero en nuestra última batalla (con algunas heridas de guerra ya asestadas y que difícilmente se curarán) oímos el argumento de que necesitan saber que ese dinero lo dedicamos a lo que tenemos que dedicarlo. No hace mucho hablaba yo con compañeros, claro, es que a mí si un ejercicio me sobra dinero, no lo dedico a la fiesta, no lo reinvierto en la misma el próximo año… no… me lo quedo… porque con ese dinero que ha sobrado, me voy a hacer rico… (muajaja…)
Sigo sin creerme que una fiesta que está a punto de cumplir 100 años, no tenga todavía una defensa dura y vehemente por parte de las administraciones públicas. Sigo sin entender que la gente crea que estamos obteniendo un trato de favor. Me parece increíble este maltrato institucional que venimos sufriendo desde hace tiempo. Nos callamos, quizá, por miedo a las represalias. Qué pena. Nadie pide un trato diferente, lo que queremos es que no se nos trate como criminales, porque sin nuestro esfuerzo y trabajo diario, no habría Fiestas Oficiales de Alicante (fiesta declarada de Bien de Interés Turístico Internacional y Bien de Interés Cultural Inmaterial).
No es lo último, es lo anterior, y lo de principio de ejercicio, y el final del otro, y el otro y el otro y el de más allá, y lo del año pasado, y lo del anterior…
Esto empezó en 2015, cuando en aquella llamada telefónica a mi oficina (despacho de arquitectura, con jefe y empleados foguerers) se nos pidió “el precio de un papelito con algún plano” para cada una de las asociaciones que fueran a hacer sus instalaciones en aquellas fiestas (no tengo que decir que ese papelito ya no es ni cuesta lo que se dijo entonces). Hoy ese papelito es un proyecto técnico, con un plan de actuación ante emergencias y 9 planos con toda la información, con la asunción de todas las responsabilidades de técnico y de presidentes y presidentas de la asociación festera.
Ese papelito también lo tiene que presentar la Federació y responsabilizarse de actividades y desfilesdurante el año y durante los días grandes. Sí, TODAS las actividades que se organizan en la ciudad en el marco de Les Fogueres de Sant Joan (con la asistencia de invitados institucionales que no dudan en hacerse la foto para después proclamar que han sido “las mejores de la historia”) son organizadas y son responsabilidad de Federació y las asociaciones festeras.
Ese papelito se ha ido llenando de justificaciones: por dónde van los bomberos, por dónde va una ambulancia, si tenemos elementos para desmontar con facilidad en 5 minutos, o un cúter para cortar la carpa, si tenemos extintores, si hemos puesto el botiquín, si hemos marcado las salidas de emergencia, cuánto afectamos a los edificios colindantes, si dejamos pasar a los peatones, cuánto tráfico cortamos, si vamos a dejar limpio todo, si tenemos los baños que tenemos que tener, si dejamos o no pasar a público, cuántas personas van a estar bailando, cuántas sentadas, cuántas en la barra, en qué milímetro va a estar instalada la nevera, cuántas neveras, si está bien el tubo del gas, si hay grifo de cerveza, si hay carpa, si la carpa molesta, si el baño molesta, si el escenario molesta, cómo es el montaje del escenario, si en él caben más personas por qué dices que solo va a estar el DJ…
Ese papelito respondía primero a una ley que no estaba pensada para la tipología de fiesta que vivimos. Esa ley estaba pensada para otras cosas, pero, bueno, era la más cercana… y se completaba con una ley de la edificación, que no era de aplicación, pero, bueno, era la más cercana… y ahora responde a una ordenanza municipal, en la que se buscó siempre lo más desfavorable (lo sé de buena tinta, de aquellas más de 10 reuniones en las que no se hizo caso a ninguna propuesta técnica, corrijo: a una)
Ese papelito se extendió a otros actos y actividades, con una supuesta simplificación que no hizo sino complicar la vida de presidentes, secretarios, tesoreros… de las asociaciones festeras. Que nos mete en un trámite infinito respondiendo a mil informes, subsanando apreciaciones (que se infieren de la deducción de que somos unos criminales irrespetuosos) que denotan una falta de interés en que las cosas salgan adelante. Pues sí, esta vez por experiencia lo digo, pues muchas de esas subsanaciones se solucionarían conociendo un poco la idiosincrasia de nuestra fiesta y nuestras actividades o, al menos, con una llamada de teléfono para aclarar esos detalles que se le han escapado al técnico de turno (por desconocimiento) y que no tendrían por qué generar un gasto innecesario de energía y de tiempo (ambas cosas que, en este caso, cuestan dinero público)
Ese papelito a veces es la bandera blanca de la lucha encarnizada en la que nos vemos obligados a participar. No debería ser así. Esto no puede convertirse en una guerra en la que cada batalla se usa únicamente para demostrar quién tiene el poder. Para situar a uno en el papel del fuerte y a otros en el lugar del débil, para que el fuerte se coma al débil, para que quede claro que la única opción que tenemos es agachar la cabeza y claudicar. Para hacernos sentir criminales que hacemos cosas ilegales usando un bien que es público, de todos. Puesto que nosotros queremos hacer cosas por un bien común, aceptando las normas del juego, no somos criminales ni delincuentes, queremos cumplir con la normativa de aplicación, con responsabilidad y con sentido común (aun con falta de sentido a veces: no se puede ni una cosa ni la contraria, la conclusión es que no se puede hacer y punto)
Ese papelito, como digo, es la pelea diaria ante la falta de voluntad por entender cómo es nuestra fiesta (repito, con casi 100 años de historia, con sus cambios y evoluciones). Y, lo que más miedo me da, es que hace tiempo detectamos que esa ausencia total de voluntad está tornando peligrosamente en otra muy clara: cansarnos para que no hagamos nada (sí, hay una Concejalía de Fiestas que, paradójicamente, no quiere que hagamos fiestas), a pesar de ser un motor festero, cultural, folclórico, tradicional y económico único e imprescindible.
(Nota aún más personal: envío esta opinión diciendo que “creo que me paso en extensión y a lo mejor me estoy pasando en el contenido”. Confieso que le he puesto este título porque de verdad lo pienso, con impotencia y frustración, sin pretensiones de enarbolar ninguna bandera, y porque de verdad tengo interés en que llegue a quien tiene que llegar, porque estoy exhausto de esa lucha diaria a la que nos tenemos que enfrentar. Y digo todo esto, sin miedo a las represalias, como técnico y como foguerer, aunque a veces piense que ya las estoy recibiendo, y eso que me lo advirtieron hace tiempo y de manera indirecta. Pero expreso esta opinión con la firme convicción de que, al menos, tenemos que desterrar de nuestros discursos los agradecimientos vacíos que tanto escuecen cuando se oyen. ¿Será esta la gota que colme el vaso?)
Néstor Álvarez


