
La fiesta también se construye en silencio
Hay una parte de las Hogueras que nunca ocupa un titular.
No huele a pólvora, no suena a pasodoble y no emociona al ritmo de una mascletà.
Cuando se apaga la última llama de la Cremà, Alicante siente que las Hogueras han terminado. Para las asociaciones festeras, ese es solo el comienzo de un nuevo año.
Las calles recuperan la normalidad. Los racós desaparecen. Los monumentos ya son ceniza. Los trajes vuelven a los armarios y las bandas dejan de sonar.
La ciudad descansa. Nosotros no.
Mientras Alicante recuerda las fiestas con nostalgia y comparte las últimas fotografías de junio, en más de noventa asociaciones festeras ya han comenzado las reuniones del nuevo ejercicio. Empiezan los presupuestos, los contratos, la búsqueda de patrocinadores, la planificación de actos, las primeras decisiones y, cómo no, la burocracia.
Quienes formamos parte de una comisión sabemos que una hoguera no se levanta solo con artistas, desfiles o monumentos. Se levanta con reuniones después del trabajo, con decisiones compartidas, con horas robadas al descanso y con muchas personas que, desde el anonimato, hacen posible que todo funcione.
Es una parte de la fiesta que casi nunca se ve.
Y quizá por eso, a veces, se olvida.
En los últimos años hemos aprendido a adaptarnos a muchos cambios. Y seguiremos haciéndolo, porque las Hogueras siempre han sabido evolucionar. Pero evolucionar también significa caminar juntos.
Las asociaciones necesitamos sentir cerca a quienes también forman parte de esta fiesta: la administración, los comercios, las empresas, los vecinos… Porque todos disfrutamos de las Hogueras. Todos nos sentimos orgullosos de ellas cuando llega junio. Todos hablamos de lo mucho que aportan a Alicante.
Por eso también es importante acompañarlas durante el resto del año.
Escuchar a quienes trabajan por ellas. Facilitar el camino cuando las normas cambian. Abrir espacios de diálogo. Entender que detrás de cada permiso, de cada proyecto o de cada trámite no hay un expediente, sino personas que dedican su tiempo de forma completamente altruista para mantener viva una tradición que pertenece a toda la ciudad.
Quizá ha llegado el momento de preguntarnos qué modelo de fiesta queremos dentro de diez o veinte años.
Si queremos asociaciones fuertes, necesitaremos cuidarlas.
Si queremos que los jóvenes asuman responsabilidades, tendremos que facilitarles el camino, no hacerlo cada vez más complejo.
Si queremos una fiesta moderna, segura y sostenible, hará falta construirla desde el diálogo y no desde la incertidumbre.
Las Hogueras siempre han sabido evolucionar.
Ahora necesitamos que esa evolución se haga junto a quienes la mantienen viva cada día.
Porque la fiesta no empieza en Junio.Son los otros trescientos sesenta días en los que cientos de personas siguen creyendo, trabajando y construyendo, en silencio, una fiesta que después disfrutamos todos.
La fiesta también se construye en la soledad de una mesa de trabajo. En noches en las que solo hay un ordenador encendido, un expediente por terminar y la responsabilidad de que todo salga bien. Son horas que nadie ve, porque ocurren lejos de los escenarios, de los actos y de las fotografías.
Cuando llegue el próximo junio, volveremos a emocionarnos viendo cómo Alicante se transforma.
Admiraremos los monumentos, llenaremos los racós, escucharemos la música y volveremos a sentir que no existe una fiesta igual.
Ojalá entonces recordemos que nada de eso empieza ahí. Empieza mucho antes.
Empieza en cientos de hogares donde, cuando la ciudad duerme, todavía hay una luz encendida delante de un ordenador.
Ahí también se construyen las Hogueras.Y quizá sea ahí, en ese silencio, donde realmente empieza la magia de nuestras Hogueras.
JARA
Hoguera Carolinas Altas


