
Proceso en el que los electores designan con sus votos los cargos públicos en un sistema de democracia representativa.
«Los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal».
Eso nos indica la definición, pero unas elecciones son mucho más. Son análisis, son posicionamientos, son alegrías y también decepciones.
De fiestas, a un Ayuntamiento y ahora también a nuestro país.
Diferentes contextos, diferentes paradigmas, diferentes indicadores, diferentes sondeos, diferentes métricas, pero también con muchas similitudes que merece la pena analizar.
Cuando un partido político o una candidatura festera encare unas elecciones deberían de realizar un trabajo previo que, para el que escribe estas líneas, es la mitad del camino al éxito.
En primer lugar debemos de investigar el marco social, por ejemplo, ¿qué podemos mejorar respecto al poder establecido? ¿qué puntos fuertes posee mi rival?, ¿en cuales puedo jugar al empate? En muchas ocasiones el número de empates decide la balanza. Y por supuesto, ¿cuáles son mis puntos fuertes?
En segundo lugar, el líder carismático. El «aparato del partido» es importante y su relevancia es innegable, también la lista electoral ya que ganan batallas, sin embargo la persona que realmente gana la guerra es el líder del proyecto.
En otra ocasión hablaremos de las cualidades que pensamos que debería de tener un líder.
Tercer lugar, el «tempo del partido». En las elecciones municipales o estatales somos conocedores de los partidos que se van a presentar. En otros contextos en los que no está asegurada la presentación de la candidatura es fundamental analizar el cuando.
Cuarto lugar, el equipo. Hemos indicado anteriormente que un equipo gana batallas y que la acumulación de ellas es realmente importante.
¿Todos los miembros de un equipo tienen que ganarlas? En muchas ocasiones es el prestigio de cada uno del equipo los que lo hacen sin necesidad de buscar el voto «a pie de urna». ¿Qué valoramos a la hora de elegirlo?
Quinto y último. El miedo. O su ausencia. Cuando se analizan, creo que una gran forma de hacerlo es a través del viejo y tal vez superado, aunque perfecto para mí, Análisis DAFO. El miedo a perder votos, el miedo a no decir lo que el electorado desea escuchar, el miedo al fracaso, el miedo a no apostar, pero lo más importante, el miedo a no creer en tu proyecto.
Un proyecto gana si no lo concibes para ganar, si no que te define, que representa tus valores y que sea o no ganador, presentándolo ya ganas.
¿Continuará?
David Esclapés


