
Menos es mas.
Seamos sinceros: a todos nos gusta que Alicante se llene de monumentos enormes en junio, pero este año la cosa ha ido a otro nivel. Las Hogueras de 2026 nos han dejado un mensaje clarísimo: más vale impresionar que acumular. Tras ver los monumentos de este año, la sensación general en la calle es la misma. No ha importado tanto batir récords de monumentos plantados, el número de comisiones, la gran cantidad de turistas o, como dice el Ayuntamiento de Alicante, que hayan sido las mejores hogueras de la histora, sino el subidón brutal de nivel, a nivel de calidad, que hemos visto en la mayoría de nuestros monumentos.
Las comisiones y los artistas se han plantado este año y han dicho: «vamos a hacer las cosas bien». En vez de gastar el presupuesto en meter ninots de relleno para aumnetar el espacio de nuestros monumentos, se han centrado en lo que de verdad entra por los ojos: remates que desafían a la gravedad, acabados impecables y pinturas que parecían sacadas de un estudio de animación digital.
Hasta 25 distritos decidieron tirar la casa por la ventana y subir de categoría este año. Eso se ha notado una barbaridad. La Categoría Especial, con 12 hogueras compitiendo a muerte, ha sido un espectáculo de los que hacen época. El primer premio de Florida Portazgo fue un ejemplo perfecto de esto: un monumento arriesgado, con un equilibrio de locos y un nivel de detalle que te hacía quedarte un buen rato mirándolo. Incluso la Hoguera Oficial en el Ayuntamiento, con Pedro Espadero al frente una vez mas, con ese homenaje a los pueblos de la provincia, demostró que la elegancia y el mimo al detalle ganan por goleada a la grandiosidad sin sentido.
Lo fácil, y no se me malinterprete, en estas fiestas es caer en el «más es mejor» y llenar las hogueras de “trastos”. Por eso, que Alicante haya apostado por cuidar la calidad es un triunfo gigantesco. Al concentrar el dinero y el esfuerzo en hacer monumentos más potentes y mejores remates, no solo gana el público que se patea la ciudad, sino que se le da el valor que merece al trabajazo de los artistas foguerers.
Alicante se ha convertido este año en un gran museo de arte efímero al aire libre, como si de Florencia se tratase, donde daba gusto pararse en cada rincón. A las puertas de cumplir cien años de historia, la fiesta ha demostrado que está más viva, madura y espectacular que nunca. Y es que, al final, la grandeza de las Hogueras no se mide por cuántas se queman, sino por lo mucho que nos hacen abrir la boca del asombro antes de convertirse en ceniza.
Parece ser que las comisiones estamos empezando a valorar mas la calidad que la cantidad, y eso es un grandísimo punto a nuestro favor.
Miguel Martínez Rebollo


