
Quien me conoce sabe bien que siempre he apostado por la innovación, especialmente en nuestra fiesta: “reinventarse o morir”, como dicen algunos. Pero como todo en la vida, eso tiene un límite. Un límite que, quizás, no sabemos o no queremos poner, y que empieza a ser más necesario que nunca.
Hoy no hablaré de los macro racós del centro, esos espacios tan necesarios como problemáticos, porque ya sabéis de sobra cuál es mi opinión al respecto. Hoy quiero centrarme en otro límite que estamos cruzando: el de los patrocinadores.
Hace años, los grandes patrocinadores eran exclusivos de las comisiones “especiales”; hoy, sin embargo, se han convertido en un sustento indispensable para muchas fogueras y barracas. Nos hemos acostumbrado a recibirles como si fueran una especie de “bienvenido Mr. Marshall”, esperando con los brazos abiertos sus aportaciones, aunque vengan con condiciones.
Pero, ¿qué hay detrás de este fenómeno? Los barrios están agonizando. La falta de vivienda asequible, el alza de los precios y la expulsión de los vecinos y vecinas de siempre están vaciando Alicante. Las pocas viviendas que quedan acaban destinadas al alquiler turístico, a turistas adinerados o como segundas, terceras o cuartas residencias para quienes pueden permitírselo.
Como consecuencia, caen los ingresos por colaboración vecinal. Ante esta falta, muchas comisiones recurren a los patrocinadores, entre ellos fondos de inversión e inmobiliarias, que —con una mano— aportan pequeñas cantidades para “colaborar”, mientras —con la otra— vacían los barrios. No busquéis locales disponibles: los tienen todos ya en sus páginas web, reformados, vendidos o alquilados como obra nueva de 70 años de historia.
Sin darnos cuenta, estamos entregando nuestra fiesta, por unas pocas monedas, precisamente a quienes son responsables de la desertización de nuestras calles. Recordemos: somos asociaciones, y el asociacionismo no puede sobrevivir en barrios muertos.
Si no dejamos de prostituir nuestra fiesta, acabaremos por perderla. Y será entonces solo un lujo de unos pocos adinerados.
#SempreFoguera
Fran García Mora


