
TRADICIÓN Y EVOLUCIÓN: DE LA MANTILLA AL COSTAL.
De la mantilla al costal, de camarera a Hermana Mayor. La mujer ha tejido, paso a paso, su historia en la Semana Santa de Alicante, haciendo de cada procesión una muestra de fe compartida y tradición viva.
No hay duda de que la Semana Santa es una de las tradiciones más arraigadas de España. Las primeras procesiones organizadas, con hermandades e imágenes portadas en pasos, nacen y se consolidan entre los siglos XV y XVII.
Nuestra Semana Santa, la alicantina, también tiene su origen siglos atrás, y las primeras referencias documentadas de sus procesiones datan de alrededor del año 1600. Estas tempranas manifestaciones han ido evolucionando hasta convertirse en lo que hoy es una de las celebraciones más emblemáticas de la ciudad, y cuyo espectacular crecimiento en los últimos años debe resaltarse.
Poseemos en Alicante una manifestación de fe, cultura y patrimonio que, conservando siempre su esencia, también ha sabido adaptarse y moldearse para reflejar los cambios culturales y sociales vividos a lo largo del tiempo.
Y uno de los cambios más significativos que se ha experimentado en los últimos tiempos, es la progresiva incorporación de la mujer en todas las facetas y ámbitos de nuestras procesiones y hermandades.
Atrás queda la imagen clásica de la mujer únicamente representada por la dama de mantilla o la camarera, papeles muy dignos y profundamente simbólicos. Estas mujeres, que visten o acompañan en el dolor y el recogimiento a las imágenes, no solo han conservado y engrandecido estos roles, sino que también han sabido conquistar y ganarse su lugar en otros ámbitos donde resultan igualmente valiosas y necesarias.
En 1993, ve la luz en su primera salida procesional el primer paso portado únicamente por mujeres, que todavía hoy procesiona a varal como titular de su hermandad. Nacía la Santa Redención.
Comienzan a surgir pasos que procesionan con portadoras femeninas. Asistimos a la aparición de las cuadrillas mixtas, y sobre todo en los últimos años, la mujer conquista también la trabajadera y el costal.
Pero más allá de trabajaderas y varales, su presencia se ha hecho manifiesta en otros ámbitos. Vemos en nuestras calles pasos guiados por mujeres capataces. Son muchas las que forman parte muy activa de las juntas de gobierno, organizando, decidiendo y cuidando del patrimonio cofrade.
En Alicante, no es nada extraño ver a mujeres ostentando el cargo de Hermana Mayor, liderando hermandades con respeto, conocimiento y devoción. Mujeres trabajadoras y comprometidas cuyo afán es mantener y dignificar la tradición.
Hoy en nuestra ciudad, la imagen de una mujer nazarena, portadora, costalera, Hermana Mayor, mantilla o capataz, es parte del espectro variado y singular de nuestra Semana Santa, que se ha convertido en una celebración única.
Un cambio que se ha producido de manera natural y gradual, sin suponer imposición ni fractura, y que ha sido reflejo natural de esta nuestra sociedad, que avanza y entiende que las tradiciones son un patrimonio vivo, capaz de enriquecerse y fortalecerse sin perder su identidad.
La Semana Santa de Alicante, ha sabido incorporar estas nuevas formas de participación femenina con normalidad y respeto, demostrando que el fervor, el esfuerzo y la fe solo entienden de personas.
Y ese es, sin duda, uno de sus mayores logros: conservar su esencia mientras se adapta al pulso de su gente.


